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Variables psicológicas asociadas a la corrupción

  • Foto del escritor: P.E. Vargas | administrador
    P.E. Vargas | administrador
  • 24 may
  • 2 min de lectura

 

Dra. Noemí Lucila Castillo Jaén


La corrupción constituye uno de los principales problemas psicológicos, sociales, económicos y políticos a nivel mundial. Es como un cáncer que carcome en mayor o menor medida a los individuos, las instituciones, las organizaciones, los países y las sociedades. Los grandes núcleos de la corrupción se encuentran arraigados en las creencias, los valores culturales,  la ética organizacional,  la moral y las normas percibidas, los rasgos de  personalidad y las variables relacionadas. Los valores culturales meritocráticos y materialistas también han sido ligados a la conducta corrupta, como ocurre en el caso de la percepción de un entorno corrupto.



Las variables organizacionales como la percepción de la conducta de sus dirigentes (jefes o líderes) o las estrategias de justificación están relacionadas con la corrupción, misma que se erige como uno de los mayores impedimentos para el desarrollo de un sistema de gobierno eficiente. La corrupción genera  pérdidas millonarias para los Estados y las administraciones públicas, porque se desvía un dinero que serviría para fines sociales como la lucha contra la pobreza, la desnutrición y la reducción de las desigualdades.  


En el campo de la  personalidad, rasgos como el narcisismo y la psicopatía se encuentran íntimamente ligados a este fenómeno de la corrupción. Estudios psicológicos han identificado una “triada oscura de la personalidad” (narcisismo, psicopatía y maquiavelismo) que guarda relación con las conductas corruptas. Estos rasgos están relacionados de manera positiva con la aceptación de sobornos lo que implica que el acto de aceptar una práctica corrupta, tiene que ver con la capacidad de desligarse del raciocinio moral de sus actos, lo cual les hace propensos a participar en actividades ilícitas. 


Por otro lado, la cultura del "juega vivo" es una forma de corrupción social arraigada en la psique colectiva, en la que  se violan normas de convivencia  para beneficio personal.  Este comportamiento implica el uso del poder público o privado  para beneficio propio, en el que el engaño y la mentira son  una práctica común.


Muchos individuos suelen justificar sus actos, haciendo que la corrupción sea aceptable cognitivamente, a menudo motivados por la búsqueda de recompensas y la baja aversión al riesgo. En ocasiones algunas  estrategias de racionalización se dirigen a poner de relieve las “buenas intenciones” detrás de un acto deshonesto.


La percepción de que no habrá consecuencias, compartida por una gran mayoría de la población, incentiva la repetición de las conductas deshonestas.  Finalmente, la enfermedad mental,  sobre todo la que tiene un componente neurológico, se relaciona con la corrupción.  Aspectos habituales en la política como el narcisismo, la inconsistencia, la paranoia, la bipolaridad, la falta de autocontrol, la amnesia, el delirio, las alucinaciones, las manías y las obsesiones configuran un límite borroso entre el individuo sano y aquel que ha rebasado todos los límites de la salud mental.  Las sociedades, cada vez más, están siendo testigos de cómo los rasgos de personalidad, las variables psicológicas señaladas y la enfermedad mental inciden de manera importante en actos de corrupción. 


 
 
 

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